En 2013 monté el gimnasio que yo necesitaba y nunca tuve.
Un sitio donde encajar sin sentirte juzgado. Donde las artes marciales sirven para crecer, no para competir. Donde el que llega nuevo no es el pardillo de la clase, sino alguien a quien se cuida desde el primer día.
Por eso este curso es un grupo cerrado de principiantes: para que el que empieza no entre solo en una clase de gente que lleva años, sino con otros que arrancan de cero el mismo día que él. Empezáis juntos y avanzáis juntos. Así lo llevamos haciendo desde 2013 — escuela, no gimnasio.